Huellas gastadas

Me tuve que colgar de los recuerdos
al caminar las huellas tan gastadas
que dejaron mis pasos sin memoria
y ausentes de colores los paisajes.

sábado, 22 de octubre de 2022

Impenetrable


 Hoy dejaré de ser, esa lluvia constante

anegando mis ojos por ausencias y anhelos,

inventaré momentos que me hagan ver radiante,

seré fuerte en el agua soltándome de anzuelos.

 

Seguiré dando amor sin tener un festejo

 sostendré estas raíces con mis alas cerradas,

con la fuerza de acero de un corazón añejo,

aunque quede en el tiempo como hojas olvidadas.

 

Y seré a quien amaron, la de las emociones,

la que nunca quisieron de invierno perdurable,

la que pocos conocen sin sus limitaciones.

 

Y seré en mi presente una extraña notable,

un ave sin migrar que aprendió sus lecciones

siendo en este universo un alma impenetrable.

J. Eugenia Díaz M.

miércoles, 31 de agosto de 2022

El cristal empañado.


 El cristal se ha empañado en la tormenta

 Y adentro, refugiada en mi mutismo,

trato de sacudir el fatalismo

que golpea con fuerza y me revienta.

 

La vida sigue afuera fraudulenta

y me llegan sonidos con cinismo,

mientras solo percibo un espejismo

que me ahoga en el mar de forma lenta.

 

Nadie ve que me alejo y me abandono

viendo morir las horas devoradas

por esta soledad que colecciono.

 

Son tantas ilusiones destrozadas

que al mirar hacia atrás me desmorono

como un erial exento de miradas.


J. Eugenia Díaz M.

08/2022

domingo, 21 de agosto de 2022

Son vida los colibríes


 Van llegando muy temprano

colibríes por su alimento

alegres revolotean,

emocionados los vemos

sus plumas multicolor,

dejan mensaje pequeño

de nuestros seres queridos,

que en el tiempo se durmieron.

 

Es como un canto de vida,

es olvidarnos del miedo

verlos volando y beber

sin temor de pisar suelo,

son pequeños pero fuertes

los quiero siempre en mis sueños

para despertar tranquila

con mil colibríes adentro.


J. Eugenia Díaz M.

jueves, 16 de junio de 2022

Vuelve


 Tengo temor de tocarte

porque en mis manos hay muerte,

invierno y mucho letargo

tú me necesitas fuerte.

Están frescas las heridas

mi dolor tan solo duerme,

despertó en el nosocomio

con la tristeza en tu mente.

 

Si pudiera deambular

por tus sueños y te enteres,

que poseo fortaleza

que hasta el pánico convierte,

en rueda de la fortuna

para regresarte fuerte

al carrusel de la vida

sin tropiezos y con suerte.

 

La oscuridad nos rebasa

nos ahogan las paredes,

no nos da tregua la angustia

y tu hasta al aire le temes.

Con mirada desquiciada

llega la noche, no duermes

ni el silencio te da calma.

No temas. Por favor, vuelve.


J. Eugenia Díaz M.

Implacable


 Todos los meses del año

te mantuviste al acecho,

brotando de los zarzales

llegaste envuelto de negro.

Con aroma a medicina

te abrazaste de mi cuerpo,

me hiciste bajar la cara

nunca nos aceptaremos.

 

Has sido un tenaz verdugo

por mis entrañas subiendo,

arañando mis pupilas

te presentas como miedo.

Eres tormenta implacable

una sombra en el recuerdo,

te gustan los hospitales

con sus pasillos desiertos.

 

El clic clac de un andador

es como escarcha en mi cielo,

nevada en pleno verano

cuando a lo lejos le observo.

Yo no deseo que vea

que mis ojos te parieron

como un abundante río

porque sé que venceremos.


J. Eugenia Díaz M.

lunes, 1 de noviembre de 2021

La Catrina esta tardando.


 La catrina es insistente

en llevar con ella a Eugenia,

pero siempre se la ingenia

para perderse en la gente.

 

La ha tenido entre sus brazos,

y su calor ha sentido

más nunca ella ha conseguido,

llevársela ni con lazos.

 

Cada noviembre regresa,

pero con sus rimas llora

esta elegante señora,

que se olvida de su empresa.

 

Eugenia la está esperando

con música y alimentos,

sin temor y sin lamentos,

la Catrina está tardando.

 

Eugenia Díaz M.

jueves, 14 de octubre de 2021

Se nos llego la tarde.


 Se nos llegó la tarde los huesos se congelan

la mirada se apaga,

los pasos van cansados siguiendo en el camino

sin dirección alguna,

con anhelo buscamos en las manos

lo que un día edificamos, pero lucen vacías.

 

Como el tiempo que pasa y está en constante espera

de ver caer la hoja sin llegar al invierno,

la vida es insistente trayendo amaneceres

con el canto de un gallo muy apagado y triste,

para que nos despierte sin emprender el vuelo.

 

Entonces desvariamos deseando,

que en un abracadabra regresen los murmullos

-de los hijos-

con besos y sonrisas a esta catacumba

y meter en cajitas luciérnagas de amor

que escapen de sus ojos.

 

Se nos llegó la tarde

y tan solo ha quedado la tierra del camino

en los ojos llorosos,

los ecos que enloquecen, las siluetas que vagan

en nuestra mente inquieta,

con los brazos vencidos por esta soledad.


J. Eugenia Díaz M.