Huellas gastadas

Me tuve que colgar de los recuerdos
al caminar las huellas tan gastadas
que dejaron mis pasos sin memoria
y ausentes de colores los paisajes.

martes, 20 de agosto de 2019

Reencuentro


Por fin te escucho, te hago caso vengo a tu encuentro, me llega tu sonido como un murmullo suave que acaricia y me envuelve sintiendo que humedeces esta piel vieja retirando las costras, dándole sanidad, penetrando hasta lo más profundo del alma.

Me reconozco en ti, siento la fuerza y la alegría que aún tienes impregnada  me doy cuenta que seguimos siendo una sola, aunque nos separamos un tiempo por esa confusión de sentimientos hoy quiero regresar a ti, te haré caso y viviré por y para mí, reparare todos los agujeros por los que se han ido fugando trocitos de mi vida.
Tomaré tu mano para salir con luz y sin fantasmas se que en el camino me quedare con menos personas, pero en algún lugar del universo paralelo existen seres sinceros y leales que me aman y esperan mi reencuentro.
Por fin me animo a ser yo misma, no te asustes si no me reconoces.

J.Eugenia Diaz M.

jueves, 8 de agosto de 2019

El breve roce de tus labios.


Permanece prendido en mi memoria
ese fugaz y breve roce de tus labios,
y dentro de unos surcos tu voz va germinando
con brotes, invitando a que pierda la cordura
cuando me encuentro sola mientras duermo.

Vas saciando la sed que hay en mi piel estéril,
como un beso de luna pegadito en mi pecho
bajas con su reflejo lo largo de mis piernas
y en silencio, con hondas espesuras descongelas el hielo.

Devolviendo lo azul con un suave preludio
que hace mecer mi cuerpo con aroma a jazmines,
humedeciendo todo con el diluvio intenso
que provoca mi mente cuando te haces presente.

De vuelta a la rutina vuelvo a hacer un ovillo
los recuerdos, tu sombra aquel embrujo,
teniendo amaneceres con la melancolía
adherida a mi espalda.


J. Eugenia Diaz M.
08/08/2019

lunes, 15 de julio de 2019

Lecciones de aprendizaje


Me gustaría decirte que ya paso, que no dolerá mas, pero no puedo, solo puedo decirte que sigas confiando en ti, aunque llueva por dentro, porque es parte del proceso para curar heridas.
Lecciones:
Es una tarde tranquila los sonidos que vienen de las jaulas y del gallinero invaden el patio y el jardín, donde se encuentra Eugenia recostada en el césped buscando imágenes en las nubes, a ella le encanta hacer esto cuando tiene oportunidad, porque la hace sentir bien imaginar que una nube baja y se la lleva a un lugar lejano.

Esa noche su tía Maura le ha dicho que mañana, por primera vez le tocara lavar las vasijas y los platos que se usen en el día, la llena de temor tan solo  pensar en ello porque ya conoce el castigo cuando rompen o despostillan algo. El fregadero se encuentra afuera de la cocina y se tienen que llenar dos cubetas de agua y ponerlas sobre unos blocks a su altura para poder lavar las vasijas. Nuevamente se estremece con temor deseando que no amanezca.

Amanece, y el aroma a petróleo que viene del piso de madera le invade el olfato, Tina se ha levantado muy temprano y a empezado a fregar los pisos; se dirige al patio donde esta el baño para asearse y comenzar las labores que le han encomendado, como este día estará en el área de la cocina tiene que aprender a preparar el nixtamal.

En el patio que esta frente a la cocina se prende fuego con leños para poner a cocer el maíz con cal y preparar el nixtamal, que después se llevara al molino para hacer la masa. Eugenia atenta observa y escucha lo que le va diciendo su tía al mismo tiempo que ayuda a meter ramas secas a la lumbre que ella ya encendió, habiendo preparado esto, le indica tome la cubeta del nixtamal que se coció el día anterior y lo lleve al molino para que traiga la masa con la que harán las tortillas para los alimentos de ese día.

Como es sábado y no hay clases, pueden hacer las cosas con calma, cuando regresa del molino, Maura le dice que acerque la bandeja donde preparara la masa, le va indicando como hacerlo con impaciencia por la torpeza y lentitud de Eugenia, que debido a que sus manos son pequeñas no pueden abarcar mucho. Esa mañana el desayuno de huevo con chorizo y frijoles fue acompañado por las tortillas preparadas por la niña que termino con las yemas de los dedos enrojecidas por voltear las tortillas en el comal
Los sábados y domingos no se desayunaba avena.

Hasta ahí todo iba bien, solo faltaba limpiar la cocina y lavar las vasijas todos se fueron retirando de la mesa para continuar con sus labores, Eugenia acerco las cubetas al fregadero y poniendo una caja de rejas de madera se sube en ella para poder alcanzar a lavar los platos. Se dispuso a hacer la labor de lavar, enjuagar y bajarse del cajón para llevar las vasijas a un lavamanos para que se escurrieran, hasta que  de sus manos enjabonadas  resbalo un plato haciéndose pedazos, ella sintió que el ruido  que hizo el plato al romperse se escuchó maximizado, las piernas se le aflojaron, sus manos le temblaban y se soltó llorando en silencio con temor.
Enseguida llegaron Agustín y Tina, que preocupados la miraban pues sabían bien lo que iba a pasar, cuando se acercó Maura, ellos rápidamente se hicieron a un lado, mientras Eugenia seguía parada sobre el cajón de rejas, con las manos temblando entre el jabón. Su tía no dijo nada, sólo le saco las manos del jabón y tomando unos trozos del plato roto le raspo las manos con ellos haciéndoselas sangrar, al mismo tiempo que le decía que le hacia esto para que aprendiera a cuidar las cosas y a hacerse mujercita.
Eugenia aún se sobresalta con temor cuando se le rompen un plato o un vaso.

Cuando se es niño, no se guarda rencor, solo se quedan grabados para siempre los momentos que impactan con dolor.

domingo, 30 de junio de 2019

Liberando lastre


Son las cinco de la mañana, la voz fuerte de su tía Mara y el brusco retiro de la sábana que la cubre la despierta asustada, rápidamente se levanta buscando sus sandalias. Afuera se escucha el canto de los gallos combinado todavía con el de las chicharras y grillos, para ella es esa hora, en la que no sabe si ya amaneció o aún es de noche.
Camina hacia el patio para lavarse la cara y ayudarse a despertar, allí se encuentra con su hermano y su prima haciendo lo mismo; mientras están en eso llega su tía para indicarles las labores que tendrán que hacer ese día.
Marina observa de reojo el semblante de la tía intentando saber de qué humor amaneció. Temerosa, se da cuenta que ese día va a ser muy largo y angustioso para ella, ya que no se le ha indicado qué trabajo debe hacer.
Cuando eso sucede, no tiene derecho a acercarse a la cocina para alimentarse hasta la hora que la tía Mara lo indique, esa es una de las maneras que ella tiene para castigar.
 Marina no sabe si es mejor que le surta a golpes, o que la deje sin comer varias horas en el día.
De todas maneras, ella toma la escoba y sale a la calle a barrer la banqueta, con miedo porque todavía esta oscuro y ella es una niña de apenas ocho años. La tía, se da cuenta y le arrebata la escoba metiéndola a empujones al patio. Marina, llorando en silencio toma la manguera para regar el jardín, pero de una bofetada su tía la tumba al piso gritándole que le haga caso y deje de hacer cosas.
 Ella suplica le diga qué fue lo que hizo para estar sufriendo este castigo.
 ¡Pobre Marina!
Sabe bien que no debe preguntar, ni cuestionar a la tía porque le va peor. Cuando quiso reaccionar ya le estaba tupiendo a golpes su tía con un cable trenzado, de esos cables que usan para la luz, cada golpe en su piel sentía que le quemaba haciéndola gritar de dolor.
 Su hermano, Felipe al escucharla llegó corriendo para ver qué sucedía, pero por preguntar también el recibió tres cuartazos con el cable.
La tía Mara, después de eso se retira a la cocina mientras Marina y Felipe se quedan revisando sus cuerpos lastimados, refrescando su piel abierta con agua de la llave. Felipe, abrazando a su hermana le dice que se vaya a un lugar donde no la vea la tía, que él le guardará un pedazo de pan o un taco de queso, y que más tarde se lo llevaría.
 Marina fue a sentarse atrás de la casa, en el pasillo, donde guarda sus muñecas de papel y suele esconderse a llorar y a succionar su dedo pulgar.

Marina, es una niña flacucha, triste y maltratada.



J.Eugenia Dìaz M.

domingo, 23 de junio de 2019

Memorias de viajes:parte 1



Vivian se dirigía a un famoso café de Lisboa. Se lo habían recomendado por lo delicioso de sus pasteles, en especial los llamados “Pastéis de Belém” ya que en el café utilizan la receta secreta originaria del *Monasterio de los Jerónimos que fue cerrado en el año de 1834. Vivian iba a disfrutar las dos cosas: el Pastéis de Belém y una visita al monasterio.
Mientras caminaba admirando la variedad de azulejos en las banquetas, sonrió al observar los tenis Converse que calzaba ya que eran unos tenis que no le agradaban mucho, pero en ese momento sus pies se lo agradecían por lo relajados que iban, cuando, de pronto, una fina lluvia empezó a caer. Aunque las personas corrían a refugiarse bajo los techos de los negocios, Vivían solo subió el cierre de la chamarra y siguió su camino con las gotas de lluvia escurriendo por su cabello y cara; estaba ansiosa por llegar a la cafetería y probar esos pastelillos de yema de huevo, hojaldre y nata.
El aroma a café y panecillo recién horneado invadió su olfato ¡Por fin había llegado! Disponiéndose a saborearlos entro a la cafetería mientras afuera la lluvia dejaba caer sus gotas con nostalgia en el cristal de las ventanas.
Sacudiendo su cabellera se dirigió a una pequeña mesa para dos en una esquina del negocio; no esperaba a nadie, solo al sonriente mesero de cabellera gris que se acercaba a ella con una tetera llena de humeante y aromático café. Enseguida ella le pidió la especialidad del negocio, los Pastéis de Belém.
El ruido de las tazas y el murmullo de voces invadió los oídos de Vivian mientras se disponía a dar una mordida a ese delicado pastelillo y, al hacerlo una gota de nata deslizò por la comisura de su boca para ser recogida de inmediato de inmediato con la punta de la lengua.  Vivían abrió los ojos sorprendida por el sabor que había quedado en su boca sin haber tenido el pastelillo dentro de ella.
Todo había sido solo un sueño, porque Vivían era una aficionada a viajar con la imaginación como si ese tipo de viajes fueran completamente reales.
*El Monasterio es un monumento emblemático de Lisboa y cuenta con una tradicional decoración con azulejos azules.




Camino en las cornisas buscando los pedazos
de este puzle incompleto,
como mujer de sombras huyendo del vacío
me deslizo en silencio y viajo siempre viajo,
en un intento vano de alejar los barrotes
que mi mente me encierra.

Respiro los caminos, la gente y sus vivencias
me acerco de puntillas a los sabios ancianos
necesito consejo, un sahumerio quizás
que despeje la niebla y sacuda las hojas
donde late la vida de una nueva mujer
que viaja y deja huella alejando lo oscuro.

J.Eugenia Diaz M.
23/06/2019

martes, 18 de junio de 2019

Bajo la lluvia


Cuentan que ella, desde que empezó a caminar enfilaba sus pasos hacia donde no hubiera lluvia, y veía con anhelo hacia el final de una calle interminable donde se dejaba ver la luz del sol un pavimento seco,  paredes y fachadas luminosas.
Ella no se siente sola en el camino, porque bajo el paraguas siempre va acompañada de su alma las dos son una aman esa soledad compartida en la humedad del camino, haciendo breves pausas en donde sacuden tristezas esparciéndolas en gotas sobre el piso,  ventanas y en algunos de los ojos que van observando su paso por la vida.
La neblina y la lluvia deterioro su entorno convirtiéndolo en escombros, pero ella sigue caminando saltando escombros, pisando charcos  en espera de un cielo despejado para volver a levantarse desde los cimientos.
J.Eugenia Diaz M.
18/06/2019

sábado, 27 de abril de 2019

La balanza decide.


Te quiero, cuando veo la balanza inclinarse
hacia el lado derecho donde crecieron brotes
de todas esas cosas que me has dado en la vida.

Te quiero, cada vez que tu intentas devolverle
el calor a mis manos heladas,
cuando me cuentas chistes tan tontos y tan simples
tratando que regrese la sonrisa a mis labios.

Espero que comprendas el receso que tomo,
mi falta de palabras, la ausencia de un abrazo,
es que quiero apartarme un poquito del mundo
quitar del tendedero toda la ropa sucia.

Para ver si me encuentras,
para ver si aun podemos charlar con la mirada,
mojarnos en la lluvia que regrese el deseo
de revivir orgasmos.



J.Eugenia Dìaz M.