Huellas gastadas

Me tuve que colgar de los recuerdos
al caminar las huellas tan gastadas
que dejaron mis pasos sin memoria
y ausentes de colores los paisajes.

jueves, 7 de diciembre de 2017

La sombra.

 Tú surges invisible del sonido,
del silencio que envuelve los rincones
con  sombras del ayer, con emociones,
por ese tiempo nuestro interrumpido.

Lapsos de juventud que se han perdido
dejando en nuestras manos ilusiones,
como colcha en retazos sin opciones
en este inexistir tan sin sentido.

Girando sin destino con ceguera,
en este rehilete de la vida
en el que ni siquiera hago oración
pues mi existencia ha sido muy jodida.

Espero no te burles  compañera
padecemos  la misma condición.

J.Eugenia Díaz M.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Su puente,la tristeza

Es un día fresco  entrando un frente frio a la ciudad, el aire alborota las hojas caídas de los árboles amontonándose en  la banqueta de su casa, mientras las recogía un viento helado pego en su rostro con un aroma a tierra diferente, a lugares lejanos por donde las nubes pasaron antes atrapando su esencia.
El olor, la hace remontar a su infancia, ha aquellos momentos cuando cambiaba el tiempo y entraba el norte, así se dice en el puerto cuando cambia el clima al llegar los vientos del norte con rachas huracanadas, algunas veces de hasta de 80 km levantando polvaredas  revolviendo hojas y papeles en las calles, pero con un intenso aroma a brisa del mar.
Hoy, se fue hacia allá, camino de puntillas para que la pequeña niña, flacucha y triste, que entretenida jugaba con muñecas de papel  no la viera, sé percato  de que ella nunca supo de rencores  que  lleva en su mochila dolores amalgamados con brillos  de alegrías.
Percibió el apenas un poco lastimado corazón de la niña, de un rojo hermosamente intenso, hurgo en sus pensamientos y sonrió con tristeza viendo que se dolía de sus pies por haber ido a la escuela con zapatos que no eran de su talla, mientras se masajeaba,  imaginaba en su inocencia  unas suaves zapatillas de satín como el de las princesas, que no le lastimaran.
Ahora que había regresado a esa etapa se dejo caer en ese abismo lleno de mariposas y flores, dejando atrás los  demonios que al paso de los años se fueron instalando dentro de ella llenándola de temores destruyendo su paz, se dio cuenta de que todos tenemos un abismo al que se puede regresar  y refugiarse en el encontrándose con su niño interior.
La vio reflejada en el cristal un poco más grande, con un brillo de tristeza en la mirada que viene siendo el puente que las une, tiene una fresca sonrisa con anhelos colgando de sus labios, su pelo largo y suelto alborotado por los vientos del norte parece que quisieran volar llevándola con el. Ahí esta la muchacha esbelta  con la cara hacia el cielo besada por el viento, descalza, con los  pies húmedos por la hierba y el césped, dando vueltas y vueltas con los brazos abiertos  en un intento inútil de salir disparada hacia un lugar lejano.

Un dolor en sus  cansados huesos la regresa y mientras vacía las hojas en un bote de basura con murmullos se despide de la niña diciendole que siguen tan unidas como siempre y que el cometa en su viaje no la llevo tan lejos.

J.Eugenia Diaz M

jueves, 30 de noviembre de 2017

Miedo

Regresas y me atas.
Nuevamente  deslizas lo helado de tus gotas
congelando mi cuerpo que soporta de pie
tus continuos embates.

Haciéndome querer parirme nuevamente
sin dolor y sin miedos, viviendo un ciclo corto,
esta ves yo te reto,
no me importa que fluyan de mis ojos cascadas 
que carcomen lo poco que me queda,
no podrás derrumbarme.

Todavía hay caminos que debo recorrer
me falta perdonarme, aceptarme y quererme
caminar hacia el sol
para mudar la piel que tiene mi alma enferma.

Aún sigo parada, mientras se desmorona
el puntal que sostiene lo que mueven mis pasos,

viendo morir lo viejo que no retoñará.

J.EugeniaDíaz M.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Llueve.

Llueve, y en el camino, solo a mí me humedece
el cuerpo y la memoria.
Me observan a mi paso la anciana, algún joven
y el chiquillo curioso, al verme humedecido
mientras ellos se guardan del tiempo y la tormenta.

No quieren reflejarse en charcos de la calle,
de los que brotan huellas de veranos remotos
mas yo sigo adelante, quizás tenga la suerte
que un socavón me trague.

Me provoca sonrisas, la lluvia que insistente
quiere mojarme el alma,intenta suavizarla
pero mi piel curtida no logra darle acceso,
además ya soy agua pero estoy congelado.

Y yo deseo  tanto que las gotas
 me disuelvan completo,

para nutrir senderos con mi historia.

J.Eugenia Díaz M.

jueves, 19 de octubre de 2017

Si pudiera

Si pudiera dejar en tu mirada
un rayito de sol y en tu boca  el almíbar
alejando lo amargo,
pedirle a la neblina suprima de tus ojos
todo el dolor y el hambre que golpean tus días.

Si pudiera dejarte en tus labios la luna
y el calor de mis brazos en tu piel
quitaria  tu pena y tanta soledad.

¿En dónde te quedaste?
¿En qué estación de vida te me pierdes?
cuando me ves sin verme y quedas divagando.

Se fueron de tus manos las aves de tus sueños,
se te rompió el cristal
y tú al igual que él quedaste destrozado
navegando en espacios del ayer
como un pequeño niño,
en un cuerpo de adulto.

Si pudiera sacarte la semilla de  vida
que tienes insensible, trataria de acercarte
a la vida presente.

J.Eugenia Díaz M.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Yo,otoño

Soy otoño, ocre, gris y lluvia helada,
soy un ramo de flores secas de panteón,
la banca solitaria de algún parque,
esa calle mojada que se observa
a tragos de café.

Soy otoño de aromas a pan tierno,
a plumas de las aves que emigran a mi paso.
No  envidio su color  al arcoíris 
porque dentro del gris se aprecia el blanco
de una gaviota inquieta.

Soy postal de nostalgias,
en el reflejo quieto de la luz del farol,
en el contraste triste del árbol que se muere
y a sus pies brilla intenso lo que fue su follaje.

Soy otoño que esparce con su viento
las flores sin besar,
los sueños malogrados,
soy el vino que alivio a las personas
después de la tormenta.

Soy algo que fue vida
que hoy tiembla como el moho esperando el invierno.

J.Eugenia Díaz M.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Dejar pasar la vida

Me gustaría quedarme en el tranvía,
pegada mi nariz en la ventana
viendo pasar los postes de  la luz
con un ritmo que arrulla y adormece
como cuando era niña.

Dejar pasar la vida y los problemas
viendo netflix, comiendo palomitas,
pero eso no es posible, tengo que pellizcarme,
darme una bofetada para sacar la casta.

Desarraigar temores
y quitarme las costras que me pudren
la vida y el presente,
reestructurarme toda aunque me duela,
dejar de ser cobarde,
decir lo que se está atorando en mi garganta
y  solo en mi cabeza se transcribe.

Luchar por lo que amo y se me aleja
antes de que se sequen mis riñones

y sean  balbuceos mis palabras.

J.Eugenia Díaz M.