Se me han quedado
dentro suspiros sin sonido
colgando de los techos
de hospitales,
ese aroma tan rancio a
carne enferma y cloro.
Se me ha quedado
dentro el desaliento y miedo
que tenías en tus
ojos,
y el corazón parchado con tantas decepciones
y mis manos de sal que
no ayudaban,
para sacar por fin de
tu mochila la muerte
que bordabas y seguías.
Se me ha quedado
dentro
borrando cicatrices que
había en tu semblante,
y con mi sangre nueva
intentar darte
a gotas otra vida,
mostrándote horizontes
de esperanza,
caminando contigo
entre mis brazos
sobre brazas ardiendo
queriendo retener
tu tiempo en mis
latidos.
Pero solo retuve
momentos con espinas
en cuartos de
hospitales,
y el olor de tu
aliento escapando a suspiros
hacia un cielo tan gris como quedo mi mundo.
Y envés de la cordura lágrimas
en mi cara
corriendo sin control,
sin compuertas que frene
su caída, sin curita
que cubra mi dolor.
Se me ha quedado
dentro lo helado de la muerte.
J.Eugenia Diaz M.



